Yo confieso que a veces tengo miedos, y aunque tiene mal prensa esa emoción, quizá no sea tan perjudicial sentirlo de vez en cuando, porque te protegen, ya que suelen evitar que se haga alguna que otra tontería.
Se me ocurre como ejemplo, que si me voy a algún día a un safarí fotográfico a África (que no sé lo que pinto yo en África, la verdad ;)), espero que no se me coma algún león a bocaos por hacer la locura de acercarme demasiado a él con la cámara. Aunque no sé quien saldría peor parado, si el león, o yo, que cuando me pongo, y me da el arrebato, soy muy mía para mis cosas, y muy peligrosa ¡ jajaja !.
Ya sé que es un ejemplo muy poco poético, pero hoy, y a estas horas, no doy para más.
Miedo a uno mismo. Miedo a reconocer que tenemos miedo. Miedo a preguntar sin obtener respuesta. Miedo a esperar, porque la espera es eterna. Miedo a querer, porque el amor en la distancia duele. Miedo a la felicidad, porque su precio nos intimida. Miedo a mirarnos en un espejo y ver en él a nuestro peor enemigo. Miedo a comprobar que nos estamos traicionando a nosotros mismos.
Miedos infundados. Miedos que generan miedos, que consumen nuestros días mientras seguimos tropezando con los ojos tapados y el corazón cada vez más frío.
Yo confieso que a veces tengo miedos, y aunque tiene mal prensa esa emoción, quizá no sea tan perjudicial sentirlo de vez en cuando, porque te protegen, ya que suelen evitar que se haga alguna que otra tontería.
ResponderEliminarSe me ocurre como ejemplo, que si me voy a algún día a un safarí fotográfico a África (que no sé lo que pinto yo en África, la verdad ;)), espero que no se me coma algún león a bocaos por hacer la locura de acercarme demasiado a él con la cámara. Aunque no sé quien saldría peor parado, si el león, o yo, que cuando me pongo, y me da el arrebato, soy muy mía para mis cosas, y muy peligrosa ¡ jajaja !.
Ya sé que es un ejemplo muy poco poético, pero hoy, y a estas horas, no doy para más.
Miedo a uno mismo.
ResponderEliminarMiedo a reconocer que tenemos miedo.
Miedo a preguntar sin obtener respuesta.
Miedo a esperar, porque la espera es eterna.
Miedo a querer, porque el amor en la distancia duele.
Miedo a la felicidad, porque su precio nos intimida.
Miedo a mirarnos en un espejo y ver en él a nuestro peor enemigo.
Miedo a comprobar que nos estamos traicionando a nosotros mismos.
Miedos infundados. Miedos que generan miedos, que consumen nuestros días mientras seguimos tropezando con los ojos tapados y el corazón cada vez más frío.